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UAPA: tres décadas abriendo la universidad a las personas adultas en República Dominicana

Inspirada en la Open University británica, la Universidad Abierta para Adultos es referente dominicano de la educación superior a distancia.

Por Redacción Mundo Universitario 21 · 5 de octubre de 2026 a las 12:16 · UAPA · República Dominicana

UAPA: tres décadas abriendo la universidad a las personas adultas en República Dominicana

La Universidad Abierta para Adultos (UAPA) nació de una idea poco común en la República Dominicana de principios de los noventa: crear una universidad distinta en su concepción filosófica, pedagógica y organizativa. Concebida en abril de 1991 a iniciativa del Dr. Ángel Hernández y un grupo de académicos, tomó como inspiración el modelo de la Open University de Inglaterra.

Inició sus labores académicas en enero de 1995 con 28 participantes procedentes de Santiago, Moca, Altamira, Puerto Plata y Valverde-Mao, y fue reconocida por el Estado mediante el decreto 230-95 de 12 de octubre de 1995. Su sede está en Santiago de los Caballeros, con recintos en Santo Domingo Oriental y Nagua.

Tres décadas después, la institución atiende a estudiantes de todas las regiones del país y ha desarrollado una política editorial propia, con libros didácticos y revistas como Educación Superior o Negocios, innovación y emprendimiento. Su modelo flexible permite compatibilizar estudios, trabajo y vida familiar, un factor decisivo para miles de personas adultas.

La UAPA aparece entre las instituciones de referencia reconocidas por el Ranking Educativo Innovatec 2026, que valora la innovación en la educación online y a distancia en el mundo hispano. Su trayectoria confirma que la universidad a distancia puede ser una vía de calidad para democratizar el acceso a la educación superior.

La transformación educativa modifica la manera de organizar el aprendizaje, pero no elimina la necesidad de objetivos claros. Un aula digital, un proyecto o una formación breve deben explicar qué se espera que el estudiante comprenda y cómo se comprobará. La elección de metodología debería responder a esos objetivos. Cambiar el formato sin revisar actividades, seguimiento y evaluación puede producir una experiencia distinta sin mejorar necesariamente sus resultados.

La flexibilidad presenta oportunidades y exigencias. Poder estudiar desde otro lugar o consultar materiales en distintos momentos puede facilitar la participación, pero requiere planificación y acompañamiento. También deben considerarse las condiciones de conexión, la accesibilidad de los recursos y la disponibilidad para actividades obligatorias. Para comparar programas resulta importante conocer qué parte del trabajo es autónoma y qué espacios existen para preguntas, interacción y apoyo académico.

La evaluación es otro punto de atención. Los proyectos y las defensas orales permiten observar determinadas competencias; las pruebas individuales pueden ser útiles para otras. No existe un único formato válido para todas las disciplinas. En presencia de herramientas de inteligencia artificial, es especialmente importante comunicar qué usos están permitidos y qué trabajo debe ser propio. La claridad de las reglas contribuye a una experiencia más justa para docentes y estudiantes.

El futuro de estos modelos se juega en la calidad de su implementación. Conviene observar si las instituciones revisan dificultades, recogen información sobre aprendizaje y ajustan los recursos. La innovación pedagógica no puede valorarse solo por su velocidad de adopción o por el número de plataformas disponibles. Su propuesta de valor depende de que amplíe oportunidades y mantenga estándares académicos adecuados a los objetivos de cada formación.

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