La Corporación Universitaria Minuto de Dios (UNIMINUTO) fue constituida legalmente el 27 de junio de 1990, a partir del proyecto comunitario que el sacerdote Rafael García-Herreros había puesto en marcha en Bogotá a finales de los años cincuenta. Inició clases en enero de 1992 con apenas 240 estudiantes.
Tres décadas después es una de las mayores universidades de Colombia: en 2017 superaba los 130.000 estudiantes en más de 70 municipios, y sus cifras recientes combinan presencialidad, educación a distancia y modalidad virtual. Su misión declarada es ofrecer educación superior de calidad a quienes menos opciones tienen de acceder a ella.
La innovación en UNIMINUTO tiene un sello social: su ecosistema incluye los Centros Progresa de emprendimiento, iniciativas de innovación y emprendimiento social (PCIS) y un Parque Científico de Innovación Social, orientado a que la investigación responda a necesidades de las comunidades.
Su modelo es una respuesta a uno de los grandes retos de América Latina: cómo ampliar la cobertura universitaria sin abandonar la calidad ni el acompañamiento al estudiante, combinando tecnología y presencia territorial.
La transformación educativa modifica la manera de organizar el aprendizaje, pero no elimina la necesidad de objetivos claros. Un aula digital, un proyecto o una formación breve deben explicar qué se espera que el estudiante comprenda y cómo se comprobará. La elección de metodología debería responder a esos objetivos. Cambiar el formato sin revisar actividades, seguimiento y evaluación puede producir una experiencia distinta sin mejorar necesariamente sus resultados.
La flexibilidad presenta oportunidades y exigencias. Poder estudiar desde otro lugar o consultar materiales en distintos momentos puede facilitar la participación, pero requiere planificación y acompañamiento. También deben considerarse las condiciones de conexión, la accesibilidad de los recursos y la disponibilidad para actividades obligatorias. Para comparar programas resulta importante conocer qué parte del trabajo es autónoma y qué espacios existen para preguntas, interacción y apoyo académico.
La evaluación es otro punto de atención. Los proyectos y las defensas orales permiten observar determinadas competencias; las pruebas individuales pueden ser útiles para otras. No existe un único formato válido para todas las disciplinas. En presencia de herramientas de inteligencia artificial, es especialmente importante comunicar qué usos están permitidos y qué trabajo debe ser propio. La claridad de las reglas contribuye a una experiencia más justa para docentes y estudiantes.
El futuro de estos modelos se juega en la calidad de su implementación. Conviene observar si las instituciones revisan dificultades, recogen información sobre aprendizaje y ajustan los recursos. La innovación pedagógica no puede valorarse solo por su velocidad de adopción o por el número de plataformas disponibles. Su propuesta de valor depende de que amplíe oportunidades y mantenga estándares académicos adecuados a los objetivos de cada formación.
